miércoles, 1 de mayo de 2019

Autoluminescent: Rowland S. Howard [2011]



¿Cuál podría llegar a ser el equivalente musical de la prosa oscura de Edgar Allan Poe o Lord Byron, del existencialismo nietzscheano o del cine expresionista alemán de Lang y su heredero Herzog? Difícil es encontrarlo, pero en la figura de Rowland S. Howard converge un poco de cada uno de estos referentes. El músico absorbió en sus jóvenes años dramáticas influencias que naturalmente se plasmaron a lo largo de su carrera en canciones de heridas abiertas provocadas por profundas espinas que jamás pudo desenterrar. Ese fue su sello: poesía romántica y gótica, una escalofriante voz melancólica que penetra bajo la piel y los huesos y una forma única y personal de tocar la guitarra, que alojó su particular estilo en el no-virtuosismo. Lamentablemente, su legado es reverenciado por unos pocos y desconocido por unos cuantos, aún en tiempos donde todo se expande cibernéticamente. Quizás por ese motivo y con el fin de rendirle un merecido tributo, salió en el 2011 el documental "Autoluminescent", co-dirigido por Richard Lowenstein y Lynn-Maree Milburn. El film preserva con mucho cuidado las frágiles memorias del cantante y guitarrista, recordado por su hermético círculo de íntimos y admiradores (Nick Cave, Lydia Lunch, Mick Harvey, Genevieve McGuckin, Henry Rollins, Thurston Moore, Nick Zinner, Bobby Gillespie, Kevin Shields, Douglas Hart). Todos coinciden en que era un ser con una extraña vibra enigmática guardado al silencio de las emociones, un romántico empedernido de personalidad enamoradiza, un sensible introspectivo que tenía mejores migas con la compañía femenina que masculina. Howard arrancó como un pretencioso adolescente de la Blank Generation en la escena post-punk australiana, tocando en Young Charlatans para luego unirse en el ‘78 a la formación de The Boys Next Door junto a Nick Cave y el baterista Mick Harvey. Ante el consejo de muchos, la banda emigró hacia Londres para ‘estar en la cresta de la ola’, donde pasó a llamarse The Birthday Party. Contrariamente a lo esperado, no hubo demasiada aceptación de su música ni en la capital inglesa ni en Nueva York porque la tendencia apuntaba hacia el synth pop y se consideraba a la propuesta demasiado violenta, visceral, profana y aterradora. Entonces se trasladaron al oeste de Berlín, donde finalmente dieron en el blanco, con un público con el que congeniaron, al que el cineasta Wim Wenders describió como ‘personajes marginales vampirezcos salidos de la mezcla entre Nosferatu y El Gabinete Del Dr. Caligari’. Allí las tensiones se empezaron a acentuar y las búsquedas sonoras y líricas de Nick y Rowland se bifurcaron, dando por resultado la separación del grupo en 1983 y el surgimiento de dos proyectos a partir del desmembramiento: The Bad Seeds (con Blixa Bargeld de Einstürzende Neubauten) y la reformación de Crime and the City Solution, que incorporó a Rowland y a Mick Havey a sus filas. Pero es en su breve etapa solista donde se pueden resumir los aportes que trajo a la música, con dos recomendables obras: el punto más elevado y maduro con "Teenage Snuff Film" (1999) y "Pop Crimes" (2009). La película se vale de imágenes de archivo monocromáticas, entrevistas y lecturas que J.P. Shilo hace del manuscrito inédito "Etceteracide" de Howard para construir un retrato oscuro de belleza elegante y triste que, entre niebla, cigarrillos y anécdotas, ensambla fielmente con la vida del músico. Se narran desde sus días de experimentación musical, pasando por su período de adicción a la heroína y el fuerte vínculo con sus ex parejas hasta llegar al momento de su partida, a los 50 años, a causa de un cáncer de hígado. Sin su legado sería inconcebible la idea de bandas posteriores como Savages, The Jesus & Mary Chain, Pulp, The Horrors o hasta la incursión de David Lynch en el mundo musical. "Autoluminescent" es una construcción claroscura, emotiva y respetuosa hacia su persona. La imagen congelada del final habla por sí misma: detrás de la triste y lúgubre mirada de príncipe dark de Rowland hay un pequeño brillo, un destello interior de luminosidad y color que unos pocos conocen o vieron y que queda inmortalizado hasta sus últimos días con este brillante film.

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Autoluminescent: Rowland S. Howard [2011]


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6 comentarios:

Anónimo dijo...

tenés los subtítulos (en castellano o inglés)? gracias

Unknown dijo...

Felicitaciones! soy fan de este Blog hace años!!

Anónimo dijo...

Que maravilla ver una actualización tuya, un agrado para aliñar lo cotidiano y poner la tapadera del craneo abierta para incursionar en lo no-cartesiano. Un abrazo desde chile!!! un lector desde hace años.

Anónimo dijo...

Gracias!!!

pablox dijo...

Muchas gracias!!!!!

KadornStyle dijo...

Tengo miedo de entrar un día y que este blog esté abandonado. No aflojes nunca, me encanta este blog!!!