sábado, 31 de marzo de 2012

Turbación

> Por Irene Gruss.

Mastúrbate, úntate cada pezón con miel, y baja el mentón, la lengua, saben dulces, toca circularmente cada punta morada, agrietada o lisa, y luego acaricia el vientre, el ombligo, haz cine o literatura, pero no olvides los pezones, la miel, el dedo circular, hazlo frente al televisor mientras te ríes, y humíllate, mastúrbate, abandona, cuida el clítoris como a la piel de un niño, escucha el viento que suena detrás, guarda tu jugo a escondidas del mundo y mastúrbate, que tus piernas comiencen a abrirse y cerrarse, que tu murmullo sea un gemido ronco, grito agudo en el aire, en el hueco que pide penetración, contacto, habla despacio, hazlo en silencio pero gime, aúlla, murmura aunque sea el goce, el rozarse de tu pelo en la almohada, en la alfombra, en la nuca, mastúrbate, hasta que las rodillas tiemblen, hasta que caigan lágrimas y suene esta vez no un viento sino un timbre, recién entonces dilátate como en el parto, lubrica tu vagina, el tubo que sigue llamando, levántalo, bájalo, introdúcelo y escucha ahora su voz, lejana, ajena, y cierra tus ojos, su boca, tan adentro.