martes, 30 de diciembre de 2008

Pueblo


> Por Biciman.©
Trigo, vaca, girasol, bastión de la llama que llama,
del invierno que engorda y del verano que agita a las masas.
Diez años dudando colgado de la misma rama,
extrañando a la misma mujer, entrando a las mismas casas.
Civilizado es el que saluda bajo este sol asesino,
piadosa es la brisa que nace del parpadear de tus ojos.
Acá perro que ladra se cree el mejor de los vecinos,
acá te espero, acá sentado, acá sentáte, acá te mojo.
Mi respiración se toma un respiro y deja de respirar.
El aire se cae sobre el pasto que se hunde y yo lo empiezo a mear.
Estoy borracho, estoy en el pueblo, estoy insolente, estoy medio enfermo.
Tengo tabaco, tengo mujer, tengo un colchón y lo tengo a Dionisio en el corazón.
Grito, corro, lloro, me caigo, me golpeo, golpeo el pasto y vuelvo a gritar.
Estoy solo con los demás, estoy en el pueblo, estoy encerrado en mi libertad.
Este es el comienzo que vuelve a empezar y es el final que se vuelve a escapar.
La mañana se coje a la noche y la tarde llega tarde una vez más.
Y vuelve la noche que trae mis mentiras y tus verdades para confrontar.
La semana tiene ocho días y la pereza se hace rutina.
Nada el pez en la nada, nada empieza, nada sigue y nada termina.
La alegría del pueblo es un payaso al que le afanaron la sonrisa.
Ojos rojos, nariz peluda, pelo de muñeca y labios pintados con tiza.
La tristeza es ese traje amarillo manchado con el vino de la misa.
Tiene el alma hueca, el corazón emparchado, y tiene muy poca prisa.
Me siento en un asiento y siento que te siento,
pero no sos vos , es tu hermana y yo me tiento.
Una pierna fría, una mirada vacía y yo me lleno.
Está lleno el vaso, lleno mi amor y llenos tus senos.
Hay que ordeñar las vacas, para sacar la leche, para que el niño la pueda tomar.
Hay que pensar, hay que salir, hay que llegar, ¡ay! qué difícil se me hace durar.
Hay que esperar que se queme la tarde, que llegue la noche,
y que el pueblo parezca ciudad.